• El concepto de virginidad es una construcción social, no una realidad médica.
  • Este mandato de género provoca múltiples violencias, como la mutilación genital femenina, los crímenes de honor, la violencia sexual a menores, matrimonios forzados, intervenciones quirúrgicas o tests de virginidad, entre otras.
  • Para acabar con este mandato y sus violencias asociadas son imprescindibles políticas públicas que promuevan la educación afectivo-sexual.

La mutilación genital femenina es una de las múltiples violencias asociadas al mandato de la virginidad. Esta fue una de las principales denuncias que se pusieron de manifiesto durante la IV Jornada Culturas, Género y Sexualidades, organizada por UNAF el pasado 16 de octubre en el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y donde se  abordó la vulneración de derechos sexuales que provoca el mandato de la virginidad sobre las mujeres y sus graves consecuencias sobre la salud. Una cita a la que acudieron 200 activistas y profesionales de la salud, la educación, los servicios sociales y los medios de comunicación.

Ponentes y equipo de UNAF. Foto: Carlos Bouza, imagenenaccion.org

La virginidad es uno de los mandatos de género centrales del sistema patriarcal para el control y dominio de la sexualidad femenina. Este mandato, presente en todas las culturas del mundo, vulnera los derechos sexuales y tiene graves consecuencias para la salud de las mujeres”, denunciaba Norma Bernad, directora de UNAF.

En concreto, el cumplimiento de este mandato conlleva la construcción de sexualidades y relaciones poco sanas que alimentan la cultura de la violación y generan múltiples violencias de género. Este es el caso de la mutilación genital femenina, una práctica que pretende garantizar la virginidad de las mujeres hasta el momento del matrimonio, además de asegurar la fidelidad, reducir el placer de la mujer y en general, controlar su cuerpo y su sexualidad. Se calcula que 200 millones de mujeres y niñas han pasado por esta violencia.

Con este mismo fin y bajo el mandato patriarcal de la virginidad, se producen además otras violencias como los crímenes de honor, la violencia sexual a menores, matrimonios forzados, tests de virginidad, intervenciones quirúrgicas de reconstrucción, violencia psicológica, etc. en todo el mundo.

Además, durante la jornada se puso de manifiesto que el concepto de “virginidad” es una construcción social y no una realidad médica. “La virginidad es una construcción social del sistema patriarcal, que ha considerado la sexualidad femenina algo peligroso de lo que hay que defenderse y que hay que controlar”, explica Charo Altable, terapeuta y experta en coeducación emocional y sexual.

En este sentido, Isabel Serrano, ginecóloga de la Federación de Planificación Familiar Estatal, aclara: “No hay forma de demostrar por el himen si una mujer ha mantenido relaciones sexuales o no”. De ahí que la Organización Mundial de la Salud (OMS) condene los test de virginidad como una “prueba invasiva y degradante que carece de validez científica”. “Los test de virginidad son una forma de discriminación de género, una violación de los derechos fundamentales de las mujeres y un tipo de agresión y violencia sexual”, añade Serrano.

Además, existe todo un mercado en torno a la virginidad, tal como señaló Isabel Menéndez, Doctora en Filosofía y experta en estudios de género, como la cirugía estética para reconstrucciones de himen u otras partes de la anatomía genital femenina. “El cuerpo de la mujer sigue instrumentalizándose. Incluso algunos reality shows han subastado el cuerpo de las mujeres, ofreciendo su himen al mejor postor. Hay un mercado que compra la virginidad de mujeres y niñas”.

El mandato de la virginidad es de por sí una violencia simbólica que genera otro tipo de violencias, según Bárbara Tardón, Doctora en Estudios Interdisciplinares de género y experta en violencia sexual, y apeló a la responsabilidad de los Estados para combatir estas violencias, ya que no lo están haciendo con suficiente diligencia. “No hay políticas públicas ni protocolos que promuevan la necesaria educación afectivo-sexual. Y en España faltan recursos específicos para atender a mujeres víctimas de violencia, especialmente de violencia sexual”.

En Marruecos la exigencia de certificados de virginidad antes del matrimonio sigue siendo habitual. “La mujer es obligada a ir al médico con miembros de su familia y de la de su futuro marido para comprobar esa supuesta virginidad”, relata Soumaya Naamane, Doctora en Sociología y profesora de la Universidad Hassan II de Casablanca. “Además, la noche de bodas se convierte en una violación marital donde el esposo debe actuar violentamente para demostrar su hombría a través de la cantidad de sangrado de la mujer. Esto es una realidad que sigue ocurriendo hoy en día y que hay que denunciar y penalizar”.

Por su parte, Rosalía Vázquez, Presidenta de la Asociación de Mujeres Gitanas Alboreá, apuntó a la educación como una herramienta fundamental para que las mujeres puedan decidir libremente sobre su sexualidad. “Las mujeres gitanas no queremos casarnos a los 15 o los 16 años, queremos formarnos y cambiar las cosas. Hay que adaptar la cultura a los tiempos y que nuestras hijas tengan libertad y ocupen los espacios de decisión”.

En este sentido, UNAF concluye que “la decisión de mantener relaciones sexuales coitales o no y en qué momento es una decisión personal y respetable pero no debe ser una imposición que condicione la libertad de las personas, las exponga a sufrir violencia, ni justifique discursos y conductas con graves consecuencias para la salud física, mental y emocional”. Y recuerda que, según la OMS, “todas las personas tienen derecho a una sexualidad libre de coerción, discriminación y violencia”.

Esta jornada ha formado parte del Programa de Promoción de la Salud Sexual con Población Migrante de UNAF, subvencionado por el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, en cofinanciación con el Fondo de Asilo, Migración e Integración.